Granadilla: el pueblo abandonado que volvió a cobrar vida en Extremadura

Visitar Granadilla fue una de las experiencias más sorprendentes de mi ruta por España. A diferencia de otros pueblos históricos, Granadilla tiene una historia única: durante décadas permaneció completamente abandonado tras la construcción del embalse de Gabriel y Galán, convirtiéndose en un auténtico pueblo fantasma. Sin embargo, hoy en día ha recuperado parte de su vida y se ha transformado en uno de los rincones más curiosos y especiales de Extremadura. 

Lo más sorprendente es que el pueblo fue desalojado porque se pensaba que quedaría completamente inundado tras la construcción del embalse durante los años cincuenta. Sus habitantes fueron expropiados y obligados a abandonar sus casas, pero, con el paso del tiempo, el agua nunca llegó a cubrir el pueblo como se había previsto. 

Lo primero que llama la atención al llegar es su impresionante muralla medieval completamente intacta, que rodea todo el casco histórico. Cruzar sus puertas es como viajar varios siglos atrás. Las calles empedradas, las casas restauradas y el ambiente silencioso crean una sensación difícil de encontrar en otros destinos turísticos más concurridos.

En la periferia del pueblo destaca el castillo de Granadilla, una fortaleza de origen medieval desde la que se pueden contemplar vistas espectaculares del embalse y de los paisajes extremeños que rodean la zona. Subir hasta lo alto de la torre permite entender perfectamente el aislamiento y la tranquilidad que caracterizan este lugar. Visitarlo fue sinceramente mi parte favorita, ya que no conocía esta especie de construcciones.

Caminar por Granadilla transmite una mezcla de nostalgia, belleza y tranquilidad. Solo historia, naturaleza y el eco de un lugar que se negó a desaparecer por completo.

Sin duda, Granadilla fue el comienzo perfecto para mi ruta por España.

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